Hace algunos años, en la época de colegio, cierto amigo llamado José me presentó a un nuevo compañero que resultó ser mi tocayo*. Ya había notado su presencia pues era el único de piel negra en el salón y llegaba tarde casi todos los días por vivir en un distrito algo lejano. Era muy inteligente y con buen sentido del humo; entre sus aficiones estaba el de hacer caricaturas, inicialmente dibujaba a nuestro amigo en común comiendo ballenas -aludiendo a su voraz apetito-. En poco tiempo llegamos a ser buenos amigos, podíamos hablar de muchas cosas y entre los temas que tocábamos estaba el comportamiento de los profesores con los alumnos.
No recuerdo bien como, pero en algún momento empezamos a dibujar historias en las que los profesores se convirtieron en los protagonistas; los cuales eran llamados por sus apellidos o por apodos que ya tenía o que se acomodaban a su manera de ser. Los profesores buenos y comprensivos eran los héroes mientras los malos y agresivos eran los villanos en una lucha constante por el bien o mal de los alumnos(el parangón del pueblo indefenso). Entre los personajes destacaban el malignísimo "Moncho", "Rojas", "Fantomas", "Ninamango" y nuestro tutor: el gran héroe "Super Vela". Posteriormente también incluimos a algunos pocos compañeros como personajes. Cuando terminábamos con alguna caricatura, esta iba de mano en mano por el salón. Las historias seguían algunos sucesos de lo que ocurría en el colegio -desde nuestro infantil punto de vista- y luego se fueron integrando algunos compañeros al grupo, algunos con pocos aportes y otros con una copiosa producción(no siempre difundida en clase). Llegó el momento de ponerle nombre al grupo y como analizábamos de alguna manera la realidad de nuestro colegio Santa Rita, decidimos ponerle por nombre un acrónimo: ASA (Asociación de SantaRiteólogos Anónimos) y con el nombre de la asociación firmábamos las caricaturas.
Después de cierto tiempo, la fama de nuestra afición llegó al oído de los profesores y cierto día el tutor("Super Vela") decidió hablar, en plena clase, de nuestro grupo. Comentó que cierto grupo de alumnos se dedicaban a perder el tiempo en tonterías y que hasta habían formado una asociación a la que llamó asociación de "sonsos" anónimos, siguió su discurso con agresividad y con comentarios humillantes. Nunca esperamos tanta dureza de quien habíamos considerado tan buen profesor; quedamos muy avergonzados y sorprendidos y disminuyó nuestro interés por seguir. No pasó mucho tiempo para que el grupo se disolviera poco a poco y luego por otros problemas, incluso se perdió la amistad entre algunos integrantes del grupo. Particularmente entre mis aficiones posteriores no estuvo incluida el dibujo.
Después de varios años, al recordar este penoso episodio veo un ejemplo de nuestra auto-condenación a la mediocridad. Con lo difícil que es motivar a un puber o adolescente por cualquier cosa. Si este profesor no hubiera sido tan mediocre y hubiera visto el potencial que llevábamos, quien sabe si hubiéramos podido llegar a ser grandes caricaturistas como Quino(¿Por que no?). Nunca lo sabré, pero de esta historia me llevo la tarea de valorar las aficiones que no entiendo, buscarles un valor y ayudar a quien me toque a darse valor, corregirse y esforzarse en aquella realidad que le atrae. Espero lograrlo para darle un final feliz a este recuerdo.